Encuentro en sueños

Hoy me desperté de un sueño en que la alegría por haberte visto iba convirtiéndose, de forma abrupta, en un color frío y distante, evocador de una desagradable sensación, cercano a lo que se siente cuando se está ante un bosque, antaño cálido y frondoso, cuyos árboles garantizaban una gran sombra, necesaria en el andar del camino, que justo acaba de ser consumido por las llamas.
Si, esta noche soñé contigo mama. Estabas en mi sueño, viniste a verme. Quizás a recordarme algo o simplemente a saber cómo está tu hijo más allá de la apariencia que muestra hacia el mundo externo.
Hacía tiempo que no me visitabas, lástima que ahora tenga que ser en el espacio interno de los sueños, pero poco importa ya esto. Te veía ante mi como un ser tridimensional, con presencia y alma. No es que no te recuerde ni contemple las fotos. Sabes, en el comedor de casa tenemos una en la que estamos tu y tus dos hijos, instantánea tomada el día de la boda de mi hermana.
Tu presencia en mi sueño era vaporosa como la bruma de la mañana que permite intuir el escenario que ocupa y tu voz fidedigna clara y afinada.
El hecho es que el entrono de nuestro encuentro onírico era frío y sin un escenario claramente definido, solo recuerdo formas vagas. Hasta tu cuerpo separado del entorno lo era. Solamente tu excepcional voz iluminaba el sueño como el sol al despuntar el alba. Pese a tu apariencia vaporosa, mi alma vibraba, mezclándose partículas radiantes de brillo así como de oscuridad, y es que frente a mi te he visto, viviendo el sueño de forma muy real aun siendo consciente de estar en un sueño, así como, consciente de que cuando despierte a la realidad del mundo tangible, en éste me estremeceré al recordar que son más de cuatro años desde tu muerte pos suicidio, quedando atrás los días desde el último ritual de despedida..
Evocando el sueño, te veía ante mi. Yo sostenía un niño pequeño, un bebé de pocas semanas con la certera e inapelable seguridad de que era mi hijo, y sabes, a día de hoy no soy padre. Y tu mama, postrada ante nuestro, con la actitud que imagino que tienen las almas que habitan en el otro mundo, actitud contemplativa, alejada de las pasiones humanas, pero radiante de amor, ahí a apenas dos metros de nosotros, con la expresión de tu cara despejada, sin tus los surcos que en tu cara recuerdo, fruto de años de sufrimiento y dolor. Y yo, mama , agarrando a mi hijo, sintiendo el calor de las toallas blancas que envolvían su cuerpecito, sosteniéndolo con seguridad y suavidad, no solo con los brazos, sino con todo mi cuerpo, a la vez que mi miraba atravesaba tu translucida apariencia fugaz, sin llegar a percibir más allá de tu silueta presencia.
Más tus palabras sordas a mis oídos y plenas de sentidos a mi corazón me preguntaban; ¿No tienes nada que explicarme?, tras lo que desperté del sueño con la sensación de tener un peso ocupando el centro de mi torso, peso que puede explicarse de la siguiente forma, y es que el niño que sostengo supone para mi un gran motivo de alegría, así como de cierta tristeza ya que tu, mama, te fuiste según tu tiempo, no sincronizado con el mio.
Sabes mama, reconozco que desde hace un tiempo la experiencia de la paternidad llama con constancia y sin hacer mucho ruido a las puertas de mi corazón.
Sabes mama que pensar en tener un hijo y que no lo puedas conocer me duele, mi hijo no conocerá a su abuela, así como tu no lo conocerás. No te tendré para que me aconsejes sobre la crianza, no sentiré tu apoyo ni podré dirigirme a ti cuando las inseguridades del padre primerizo vengan a visitarme, no podré verte reír de alegría el día en que, junto con mi pareja, decidamos comunicar la noticia a la familia, no recibiré tus visitas ni podrás ver a tu nieto crecer ni a tu hijo ser padre.
Reconocer estas expectativas frustradas me duelen. Solamente estarás presente gracias a las fotos guardadas y en las historias que le explique, sobre ti a mi futuro hijo. Pero tu sangre será participe de la suya, como Domínguez que soy, y aunque no seas tú la que lo puedas transmitir directamente, seré yo quien trate de inculcarle tu gran fortaleza para resistir todas las pruebas que te trajo la vida.

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