Un día cualquiera de Julio del 2010

Es un día cualquiera del mes de Julio del año 2010 y hace apenas unos meses que mi madre decidió quitarse la vida. Utilizo el verbo decidir de forma consciente. Muchos autores y profesionales afirman que las personas que se suicidan no lo hace de forma libre, sino que están terriblemente condicionados, en muchos casos por una enfermedad mental, o/y debido a un terrible dolor y hastío vital que les hace vivir en un desierto árido y vacío de satisfacciones y gratificaciones. Pero este asunto no corresponde a las ideas y sobre todo a los sentimientos que quiero expresar.
Antes de adentrarme más en profundidad en el contenido de este escrito, explicar que hace poco más de un mes que me he mudado a vivir a Barcelona. Es posible que os preguntéis qué tiene este hecho de interés. Sabéis, desde hace mucho tiempo que he querido vivir en esta ciudad, no se, quizás por que me atrae el bullicio de la gente variopinta, muchas de ellas personas de transito, turistas, estudiantes, buscavidas, perdidos, etc. Quizás porque en la capital catalana me es más fácil encontrarme con personas afines, las cuales me generan la confianza necesaria para poder abrirme a explicar mis vivencias, así como compartir ideologías y mis sentimientos. Tal vez mis motivaciones son el sentirme camuflado en la gran masa que da vida humana a la ciudad. Por tales causas, mi propio juez interno, representado por el ojo de Sauron que todo lo ve, siempre despierto y preparado para enjuiciar todo tipo de instintos, conocido en terminología psicoanalítica como Superyo, pierde fuerza. Así, de este forma y aprovechando la posibilidad de pasar totalmente desapercibido en la gran masa y para mi juez interior, me siento más relajado y libre. Pero este tema no corresponde a las ideas y sobre todo a los sentimientos que quiero expresar.
El hecho es que me siento muy solo y siento un gran vacío en mi interior. Es como un agujero negro situado en medio de mi pecho, un agujero el cual no atisbo ver su fondo, un agujero con gravedad propia que me atrapa y me arrastra. Es posible que este agujero negro ya estuviera conmigo desde hace muchos años atrás, si es así no lo recuerdo, ni para nada era consciente de ello, pero el desgarrador dolor provocado por el suicidio de mi madre lo ha hecho muy evidente, tanto que en ocasiones, me sorprendo a mi mismo mirandome el pecho en el espejo de mi casa y tocándome el esternón, comprobando si hay alguna falla o algo por el estilo.
Para mitigar el desazón emergente de este vacío interior que siento, hoy que es un día cualquiera, que bien pudiera ser lunes o viernes, la verdad es que no me importa ya que ni el hecho de estar recientemente mudado a la ciudad de mis anhelos, ni que el sol brille cálidamente, puede remediarlo, busco la compañía de mis pocos amigos que tengo en Barcelona. Claro, siempre podría volver a igualada y buscar el apoyo de mi familia y amigos, pero es que tampoco dispongo de ganas para coger el coche y conducir hasta la capital de la Anoia. Tomo mi teléfono y llamo a Anna, la cual no me responde. Pienso que debe estar trabajando, pero poco importa. Tras la llamada un vacío. Llamo a Sergio del cual recibo solo la señal de teléfono dando tono. Llamo a Verónica la cual está con no se quien, esperando que me diga que solo estará un rato y que hacia las 21 podríamos quedar, o mejor aun, que me acerque al lugar en el que se encuentra con sus amigos y así podamos vernos, pero no es el caso por lo que mis esperanzas se ven frustradas. Miro la agenda de mi teléfono, necesito, como el sembrado el agua de mayo, estar con alguien, hablar con alguien, solo escuchar una voz cálida y amigable al otro lado del teléfono y llamo a mi “hermano” Leo, pero tampoco me responde y me duele el pecho, llamo a mi otro “hermano” Moi, pero tampoco responde. Dónde están las personas que necesito. Desde luego que aquí y ahora, en mi soledad no están. Me siento enfermo de soledad enfermo por un vacío en mi pecho, esta es mi única compañía.
Cada intento de comunicación frustrado es la victoria del agujero negro que siento en el centro de mi pecho y no puedo soportar otra victoria más, por lo que decido salir a la calle a dar una vuelta, esperando encontrar miradas cómplices en personas desconocidas.
En el piso que comparto, en el corazón del barrio de gracias, tampoco hay nadie. Qué me estas diciendo vida, hoy no hay ningún refugio humano en el que cobijarme. No importa, soy resistente. Me esperanzo a encontrar, ya me importa poco el tipo de persona, solo quiero encontrar a alguien..
Cruzando las calles de Gracia y sin dirección, tras no se cuanto tiempo gastado ya que la neblina de mi interior enturbia mi consciencia del tiempo y del espacio vivido. Es como si el agujero negro hubiera absorbido un pedazo de mi día, el que va desde que salí de casa hasta ahora mismo. Y en esta calle, en este instante, miro a mi alrededor y me veo caminado por la calle Tallers. He andado bastante me digo, he bajado del barrio hasta el centro de la ciudad y no me he enterado. Es como si me acabara de despertar. Miro a mi alrededor, reconozco las tiendas, pero no me importa, lo que busco son cruces de miradas con personas desconocidas, fugaces chispazos producto de dos pares de ojos que se miran, pero nadie responde a mis peticiones visuales y como anteriormente, al no encontrar respuestas a mis llamadas de socorro, cada una de mis miradas huecas son un triunfo del negro agujero, que crece y crece manchando la vida de soledad.
Nunca antes había sentido tal cosa, tal devastadora sensación de soledad, aun andando entre la multitud de figuras humanas desconocidas, y es que me siento solo, estoy solo llevando un gran dolor y soportando el vacío que mi madre ha dejado con su suicidio. Hoy no tengo a nadie con el que compartirlo, la coyuntura de hoy así lo ha dispuesto y me reconozco a mi mismo como un muerto viviente, como un zombie que busca humanos para poder saciar su voraz hambre de afecto y poder tapar, con ello, el profundo vacío de mi pecho.

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5 thoughts on “Un día cualquiera de Julio del 2010

  1. Creeme tal vez no pueda comprender el suicidio tu progenitora, pero pues yo si lo he vivo y he sentido ese agujero negro que me lleva a querer morir, en un punto ya no sabes que real y que no y en realidad sólo deseas escapar y no sentir ni conocer más ese vacio que no tiene fin.

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    1. Estimada Elsa.
      Agradezco tus sinceras palabras. Este agujero une nuestras vivencias, y como bien dices no tiene fondo. ;
      Tus palabras me han hecho recordad la siguiente cita de F. Nietzsche
      «Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo»

      Te mando un gran abrazo

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  2. Es terrible y aterrador esa agujero negro, aunque mis vivencias son distintas y mis pérdidas otras entiendo perfectamente esa sensación de caminar entre vivos y buscar desesperadamente una mirada fugaz que te de por lo menos un poco más de aire. Es de las sensaciones más terribles que, supongo, se pueden vivir, las dos veces que lo pasé fueron lo peor. Espero que no lo vuelvas a pasar. Saludos

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