Sin gravedad para girar.

 

 Hace unos meses me propusieron participar en un programa televisivo llamado Respira, cuya emisión se lleva a cabo en la televisión Barcelonesa BTV, en la que me entrevistaron como consecuencia de ser miembro de una asociación de apoyo al duelo por suicidio, de la que ya no participo. Resulto ser una nueva experiencia en mi vida, otra más y es que en mi vida prima la primera vez en muchas cosas. Hecha esta pequeña aclaración, a la vez que recuerdo los entresijos vividos en una intensa tarde de rodaje, voy a detenerme a mencionar la definición de la fuerza de gravedad, y no es que me esté desviando del tema, sino que en la entrevista usé una metáfora descriptiva de mi situación personal, que creo puede ser extensible a mi hermana, a mi padre y todas y cada una de las personas que han perdido algo significativo en sus vidas.
Para ello propongo hacer el ejercicio de imaginar el sistema Solar, cuyo centro y eje es el Sol. Alrededor de éste, 8 planetas mayores, entre los que se encuentra la Tierra, giran en órbita elíptica gravitatoria. Antes de seguir , creo que es preciso aclarar el concepto de fuerza de gravedad, la cual se entiende como la fuerza de atracción que un cuerpo celeste ejerce sobre otros cuerpos que están cerca o sobre él.
Ahora bien, cómo casar la metáfora astronómica citada con la experiencia del suicidio de mi madre.
La respuesta la encontré haciendo otro ejercicio de imaginación, el cual me llevó a convertirme en el planeta Tierra del sistema Solar y a identificar a mi madre con el Sol. Pues bien, que pasaría si al planeta tierra, así como al resto de planetas que forman el sistema solar, de forma abrupta y precipitada se ven privados del Sol. La consecuencia más inmediata en mi imaginario es visualizar a los planetas inmersos en el caos, desplazándose por el espacio sin rumbo, sin sentido, sin dirección, ya que la fuerza gravitatoria por la que se ven condicionados en su movimiento de traslación ya no existe.
Tras lo explicado no se si es preciso hacer más aclaraciones. Creo que tal metáfora es clarificadora. En tal caso, el Sol más bien contaba con tonalidades rojizas, anaranjadas y negras, más bien era un sol de ocaso, un Sol que no desembocaría en una supernova con la segura extinción de los planetas próximos a éste, sino más bien es un Sol oscuro, irradiante de pulsiones regresivas, fruto del recuerdo de un tiempo pasado mejor.
Y que decir del planeta Tierra del sistema Solar privado del planeta que dotaba de dirección y rumbo en su trayectoria vital, que aunque viéndose liberado de la obligatoriedad de seguir una orbita concreta y un movimiento determinado, ya no dispone del motor ni de la dirección, la ha perdido y nunca más la podrá recobrar.
El agujero negro en el que se ha convertido el Sol tras su extinción ha absorbido la fuerza impulsora de la Tierra y su movimiento se ha detenido como cuando un objeto se precipita de lo alto y se estampa contra el suelo.
Así es como parte del sentido de mi existencia, conocido hasta el momento del suicidio de mi madre, también se extinguió y no se a donde ir, ni que hacer. La luz del Sol se apagó y la noche oscura devino, y sin luz no puedo ver y sin luz, mis ojos solo me sirven para poder llorar.
Os enlazo el programa que cito al principio de mi reflexión.
Programa; Respira de BTV.Després del suïcidi.

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