Declaración de intenciones.

Con las siguientes lineas, anhelo abrir el baúl que contiene mi mundo interno para mostrarlo al exterior. Mediante la limitación de las palabras, al no tener otro medio para hacerlo, y con sinceridad, en muchas ocasiones me cuesta poder concretar mi complejo mundo interno en conceptos ordenados y comprensibles. En otras me topo ante mi propia incapacidad para poder poner nombre a sensaciones y estados internos, así como, en ocasiones tengo la certeza de que la palabra que pueda hacerse servir y que nos sea de ayuda, a mi, para comprender lo que me esta sucediendo, a la vez que construye el puente para nuestra relación, no existe.
Deseo expresar abiertamente, de forma desnuda y sin tapujos, las consecuencias, hacia mi persona, recibidas tras el acontecimiento más trágico vivido, hasta la fecha de hoy, el suicidio de mi madre hace más de 5 años. He necesitado todo este tiempo de camino, ha sido el tiempo que he requerido para poder iniciar este cometido. Soy consciente que sólo es una cuestión cuantitativa y completamente relativa que va relacionado con el resultado de los procesos de adaptación a un mundo que quedó destruido el día que recibí la noticia de que mi madre había atentado contra su propia vida.

Si bien es cierto que mi experiencia tiene como hecho central el suicidio, no deseo instaurare en el hecho de quitarse la propia vida, lo cual me llevaría ineludiblemente a un callejón sin salida, como considero que se encuentra la persona que lo consuma. Este acontecimiento que podemos constatar a lo largo de los siglos, y en personas de diferentes culturas, religiones, estamentos sociales y color de piel, resulta demasiado complejo de comprender, si es que es posible hacerse. Pienso que quizás sea más fácil de hacerlo, si es posible, si como sujetos individuales, y como sujeto colectivo, aceptamos la cara menos agradable de la vida, distante de la satisfacción y la felicidad, y admitimos que el mundo personal y el ajeno están llenos de sufrimiento, de dolor, de frustración y de impotencia. Que estos forman parte de la condición humana, y que gran parte de los esfuerzos realizados para construir el mundo en el que vivimos, y mantenernos en la orilla satisfactoria de la vida, tiene como objetivo, evitar la orilla desapacible, siendo la gran parte de nuestros esfuerzos inútiles, aunque lo alejarán al otro lado del río de la vida, quedando el interlocutor coartado en la televisión, la prensa, la literatura, el cine y/o cualquiera de las artes expresivas.

La intención que da forma al contenido que deseo expresar, supone cruzar el río de una orilla a la otra, para abrazar, de forma consciente, y si no es así ir haciéndolo consciente a través del transcurso del tiempo, las consecuencias derivadas del suicidio de mi madre, las cuales afectaron a mi organismo, a mi estado anímico, a mi psicología, a mis relaciones sociales, y a todas y cada una de las actividades de mi rutinaria vida. Mi falsa comodidad, allá en la otra ribera, sentado en una cómoda silla mientras contemplaba en la distancia el hastío vital de mi madre, se desmorono como un castillo de naipes. Es como si el río se desbordara incapaz de acoger tantas lágrimas en su caudal, y con ello ambas riberas se vieran azotadas por la corriente, llevándoselo todo a su paso. Así fue como su suicidio devastó mi mundo de falsas seguridades, en el que aparentemente todo estaba en orden y controlado. En su lugar me vi inmerso en el caudal de insoportable dolor, el cual parecía que iba a quedarse conmigo durante el resto de mi vida. Éste hizo que, en no pocas ocasiones vinieran a mi cabeza pensamientos suicidas, hasta incluso deseara tener un accidente de tráfico, con lo que acabar con tal sufrimiento suspendido en el tiempo.

Aunque las palabras que acabas de leer puedan resultar fatalistas, el mensaje que quiero transmitir es una llamada a la esperanza. Así como la flor de loto, que emergiendo del cieno corona su desarrollo con una bella flor, aceptar el hecho acontecido, con todas sus consecuencias, sintiendo como el dolor se citaba en mi interior, creciendo desmesuradamente para ocupar todo mi mundo interno, me han llevado a ser una persona diferente a la que era. El proceso de duelo que he vivido no se ha dirigido a recuperarme y mantener la persona que era. Mi mundo cambió irremediablemete aquel sábado 10 de diciembre del 2010. Nunca más puede volver a ser quien era hasta aquel entonces ya que una parte de mi, la que esperaba la sanación de mi madre, y junto con ello la perspectiva de un futuro familiar lleno de alegrías y abundancias, también murió junto con mi madre, disipándose las agradables fragancias que mis expectativas generaban, como el viento lo hace con el perfume.
Con el fallecimiento de mi madre por suicidio , el zumbido de la guadaña cortando los hilos se presentó abruptamente en mi vida. El golpe certezo que le asestó, me precipitó a un profundo pozo, en el que me era muy difícil relacionarme con la vida que seguía, la cual iba sumando horas al reloj del tiempo como si nada hubiera pasado. Necesité estar aislado, en una especie de hibernación, atendiendo la tristeza, la rabia, el miedo, la confusión, la culpa, y por encima de todo, un terrible dolor. En este sinsentido, embriagado de desagradables estados emocionales e invadido por caóticos pensamientos, y al igual que la flor de loto, de lo más profundo del pozo, aun conservando el mismo aspecto físico, emergí como una persona con cambios profundos en las estructuras que me forman como persona, resultando más consciente, más madura y más sabia. Es como si hubiera sido puesto por mi destino ante una prueba de iniciación. Superarla supuso estar en el mundo de otra forma. Todo cuanto viví, había llegado a mi vida para quedarse, abriendo los ojos al dolor y sufrimiento de otras personas. El suyo alimentaba el mío, y con ello el inicio de sostenidas transformaciones en mis valores vitales.

Lo que acabo de exponer supone parte del mensaje que quiero transmitir, el cual se gesta en el suicidio, y construyo de forma activa a lo largo del tiempo que ha durado mi proceso de duelo. La otra parte del mismo está compuesto por conceptos. La esperanza, el valor y la transformación son los más significativos, los cuales he ido enlazando dando lugar la bandera que ahora muestro. No quiero que pienses que el resultado es producto del azaroso destino, sino más bien de mi actitud determinada y mi acción voluntaria a la hora de mirar de frente, con la plena facultad de mis sentidos, todas y cada una de las consecuencias para mi existencia, implicadas tras el suicidio de mi madre. No como un mero espectador, que observa el trágico espectáculo que acontece sentado en la fila final de la sala dónde ser proyecta, sino como una personas activamente participativa e implicada en encontrar la materia prima para la construcción de la bandera. Me costó mucho poder recordar que los conceptos citados con anterioridad no habían resultado incinerados junto con el cadáver de mi madre, sino que pertenecían al total de la población humana. La absoluta oscuridad emergente del dolor, decorado con destellos emocionales resultantes, no me impedía ver más allá, salvo del manto negro donde el sol había sucumbido. Por paradójico que pueda parecer, fue en este lugar donde empecé a verme a mi mismo sin la obligación imperiosa de escapar, ya que allá donde fuera y estará, el dolor vivía conmigo. El dolor me rompió, y en los añicos me reconocí, al igual que la imagen cubista que ofrece un espejo resquebrajado a la persona que se mira en este. En el dolor, y mi necesidad imperiosa de aislamiento y soledad, obtuve una compresión clara de de lo que había sido la vida de mi madre, caracterizada por su sufrimiento existencial y la incomprensión de su entorno (familiares, amigos y especialistas médicos). El monstruo resultante no lo fue tal. El miedo a mi aniquilación fue desdibujándose, ganando en tolerancia hacia su existencia, que forma parte de la condición humana, y sin necesidad de evitarlo a toda costa pude empezar a gestionarlo en mi vida.

Con mis palabras no trato de sentar cátedra de cómo afrontar esas experiencias personales, las cuales conllevan implícitamente, consecuencia trascendentales para la vida de quien las vive, sino exponer cuales han sido las claves importantes, con las que he podido afrontar y superar el hecho más doloroso y transformador de mi vida, hasta el momento. Estoy completamente convencido de que tu lo harás, o lo estas haciendo de la mejor manera que te es posible. No existe una única forma de hacerlo, en todo caso indicaciones que facilitan la adaptación a los hechos. Al final, el ser humano ha colonizado todo el planeta tierra, no por ser el más fuerte, ni el más resistente, ni el más numeroso, sino por tener la capacidad de adaptarse al medio, usando las posibilidades que este mismo medio ofrecía para ello.
Si tuviera que resumir cuales han sido mis claves lo haría con dos frases;
El duelo es un proceso personal que se hace de forma activa.
El dolor, inevitable a toda perdida, supone la sanación misma al dolor. Puede parecer un monstruo, y lleva consigo la llave del perdón y del amor.

Espero y deseo que lo que acabas de leer inspire tu proceso.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s